Conocida como la Perla de Sefarad, conserva de este importante legado, la Necrópolis Judía excavada más grande de la península ibérica. El barroco cordobés tiene sus principales exponentes en esta ciudad en el Sagrario de la Parroquia de San Mateo y  el Santuario de Ntra. Sra. de Araceli. Hoy, es un pueblo donde la tradición, el arraigo y la identidad cultural brillan con luz propia.

Las primeras referencias de la villa proceden de finales del siglo IX cuando aparece con el nombre árabe de al-Yusana o el hebreo Eliossana. Así, se distingue por ser una de las pocas ciudades plenamente hebreas de su territorio, siendo el comercio, junto con el cultivo de viñedos su principal fuente de riqueza.

Entre los siglos XI y XII tuvo lugar su época dorada y se convirtió en refugio de correligionarios notables de toda la península.

En la actualidad cuenta con 42.500 habitantes y se distingue por ser uno de los centros productivos del mueble más importantes del sur de España.